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Voladores de Papantla, Patrimonio Histórico de la Humanidad

miércoles, 30 de septiembre de 2009

El pasado 30 de septiembre el ceremonial de los voladores de Papantla, fue reconocido por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad.

Esta declaratoria gestionada desde 2008 por el Centro de las Artes Indígenas de Cumbre Tajín y los tres niveles de gobierno mexicano, convierte a esta tradición en el primer elemento vivo de México que recibe dicha nominación. El nombramiento consolida a Papantla Veracruz, como punto de interés mundial y contribuye a fomentar la comprensión y el respeto de la diversidad cultural, aumentando la visibilidad y conciencia en torno a la importancia del patrimonio cultural intangible.

A lo largo de los años el rito ceremonial ha adquirido una gran importancia, ya que la tradición y espectáculo de los Voladores representa un gran atractivo turístico pero sobre todo una oportunidad para continuar transmitiendo de generación en generación, aquella interacción del hombre con la naturaleza y el universo.

Desde la época prehispánica en el bello estado de Veracruz se realiza esta práctica que encierra un gran misticismo.

En la revista digital de México Desconocido encontramos una estupenda y breve síntesis acerca de una leyenda Totonaca en donde los dioses dijeron a los hombres: “Bailen, nosotros observaremos”.

Y eso es justamente lo que hacen los hombres-pájaro, o “voladores”, ejecutan una espectacular danza para agradar a los dioses. Un grupo de cinco hombres se suben a un poste de unos 30 metros de alto, cuatro de ellos se atan una cuerda a la cintura y se lanzan de cabeza al vacío con los brazos abiertos, girando alrededor del poste. Mientras tanto, el quinto miembro permanece en la parte superior del poste y toca música indígena con instrumentos de madera hechos a mano. La flauta representa el canto de las aves y el tambor la voz de los dioses. Esta danza es también un símbolo de los cuatro puntos cardinales (la plataforma de cuatro lados y los cuatro voladores). El músico va marcando los cuatro puntos cardinales, comenzando por el oriente, pues es ahí donde se origina la vida. Cada volador gira 13 veces, cifra que multiplicada por los 4 voladores da el número 52, y ya se sabe que según los calendarios prehispánicos, cada 52 años se completa un ciclo solar, después del cual nace un nuevo sol y la vida sigue su curso.